Soneto del 29 de julio

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Miénteme, pero esta vez hazlo bien.
Hiéreme, que esta vez sea de muerte,
que ya no quiero tener esta suerte
de vivir y amar sin saber a quién.

Miénteme apunta directo a la sien.
Acábame ahora, no soy tan fuerte,
hazlo ahora, que contaré hasta cien.
Hazlo o pronto dejaré de quererte.

Acábame de una sola vez 
hazlo ahora que no soy más que nada.
hazlo, antes de que llegue hasta diez.

Acábame, tienes el rol de juez
hazlo ahora, no seas despiadada.
A la cuenta de uno, dos... y tres.

Nueve de mayo.

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Vamos a tirar todo a la ventana
si también fui víctima de artificio
si ya sabía, la verdad era llana
y enamorar uno u otro, tu oficio.

Vamos al fondo de una o más botellas
que caí más rápido que la noche
que en tu piel quería contar estrellas 
y antes de empezar, terminó el derroche.

Ahora que escribí el primer soneto
y llené con tu nombre el calendario
cuando lo que ofreces es más escueto.

Y ya que escribo el último terceto 
noté que solo soy el secundario
y tu amor no estaba en mi libreto.



Soneto número 2.

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Invítame a equivocarme a tu lado,
retozar contigo, por vez primera,
quita de mi mente lo inmaculado,
y rompe lo que el cuerpo lindera.

Te miento si me digo enamorado,
que esa equivocación no me atañera,
ya venía mucho antes avisado,
te supe cual Sabina, embustera.

Pero cayó en falso lo precavido;
Si juré que en tu juego no caería
por tu sonrisa lo mandé al olvido.

Sabiendo que de ti saldría herido
te di mucho más de lo que tenía,
apostando a un juego, ya perdido.


Blanco

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Somos uno en este lienzo en blanco,
tú y yo, jugando un juego adulto,
un enigma, un pecado, un culto.
Somos el secreto en el sotabanco.

Bailando con nuestros cuerpos un tango,
donde cada paso merece indulto.
Entre los dos haciendo un tumulto,
perdiendo el miedo de caer al fango.

Y se nos va yendo la noche entera
probando nuevas partes de la piel,
hasta que amar por primera vez hiera.

Cuando siento entre tus labios la miel,
al ritmo y el vaivén de tu cadera
jurando esta noche el amor más fiel.


Buenos días.

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Y hoy llegué sin intención aparente,
con una simple excusa, saludarte
pues ya te hacía desde tiempo ausente,
y se ha vuelto monótono extrañarte.

Un abrazo y un beso en la mejilla,
seguido de un saludo: "Buenos días"
Encontrarte de nuevo, ¡maravilla!
¿Dónde es que estabas? ¿Qué es lo que hacías?

¿Por qué me olvidaste? Preguntaría.
No parecía adecuado y callé todo.
"¿Cómo estás?" ¿Acaso funcionaría?

Era el tiempo sin hablar, sobretodo
era el miedo quizá, ¿Recordaría?
¿Me recordarías? O lo perdí todo.