Soneto número 2.

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Invítame a equivocarme a tu lado,
retozar contigo, por vez primera,
quita de mi mente lo inmaculado,
y rompe lo que el cuerpo lindera.

Te miento si me digo enamorado,
que esa equivocación no me atañera,
ya venía mucho antes avisado,
te supe cual Sabina, embustera.

Pero cayó en falso lo precavido;
Si juré que en tu juego no caería
por tu sonrisa lo mandé al olvido.

Sabiendo que de ti saldría herido
te di mucho más de lo que tenía,
apostando a un juego, ya perdido.


Blanco

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Somos uno en este lienzo en blanco,
tú y yo, jugando un juego adulto,
un enigma, un pecado, un culto.
Somos el secreto en el sotabanco.

Bailando con nuestros cuerpos un tango,
donde cada paso merece indulto.
Entre los dos haciendo un tumulto,
perdiendo el miedo de caer al fango.

Y se nos va yendo la noche entera
probando nuevas partes de la piel,
hasta que amar por primera vez hiera.

Cuando siento entre tus labios la miel,
al ritmo y el vaivén de tu cadera
jurando esta noche el amor más fiel.


Buenos días.

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Y hoy llegué sin intención aparente,
con una simple excusa, saludarte
pues ya te hacía desde tiempo ausente,
y se ha vuelto monótono extrañarte.

Un abrazo y un beso en la mejilla,
seguido de un saludo: "Buenos días"
Encontrarte de nuevo, ¡maravilla!
¿Dónde es que estabas? ¿Qué es lo que hacías?

¿Por qué me olvidaste? Preguntaría.
No parecía adecuado y callé todo.
"¿Cómo estás?" ¿Acaso funcionaría?

Era el tiempo sin hablar, sobretodo
era el miedo quizá, ¿Recordaría?
¿Me recordarías? O lo perdí todo.

Locura.

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Manía de verdades o mentiras,
cuando la realidad viste dolor
cuando se tiñe de cualquier color
y el dolor se convierte en ira.

Cuando te envuelve tu propia locura,
te haces un enredo, una mentira
cuando es por él que apenas respiras,
y tu locura es su obra, su hechura.

Eres víctima de la dependencia,
víctima de tus pasiones, de amores,
de dolores que no cura la ciencia.

Y haciendo el recuento de tus errores
conoces al borde de tu demencia,
que el amor secó, como las flores.

Cuando llegó el momento del adiós,
aquel que nunca quise entregar,
 fue entonces cuando conocí la locura. 

Colección de liras.

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Hoja de otoño

Cuando la noche cubre
y caes en mis brazos bella dama,
como en el mes de octubre
cuando la brisa brama
caes como una hoja sobre la cama.


El alba



¿Cómo he de olvidarte?
Si has dejado enamorada mi alma 
¿cómo no he de extrañarte?
 si te veo en cada alba 
si la mañana el corazón desarma.

Café


El sol en la ventana,
despidiéndome de la madrugada,
café por la mañana,
azúcar, polvo de hada
después de pasar sin ti otra velada.